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Posts Tagged ‘videojuegos’

Ayer comentaba con Plumaseca mi opinión sobre el omnipresente tema de las descargas en Internet, los derechos de autor, la nueva ley que permite el cierre de páginas web y demás hortalizas relacionadas. Nadie duda de que es un tema complejo y que se puede argumentar a favor o en contra hasta el fin de los tiempos, siendo este post del blog Tercera Opinión el mejor ejemplo (leed los comentarios). No me voy a extender en defender a ninguna de las partes, sólo ilustraré mi experiencia personal con una breve historia:

Siendo un pequeño cabroncete de 12 años mi padre me regaló un libro que cambió el concepto que tenía de ocio para siempre: La Historia Interminable, extenso, lleno de imaginación, descripciones bellísimas, metáforas, lirismo y amor por la lectura. Mi mente se inquietó (a falta de una palabra mejor) al llegar a la última página. Se quedó huérfana de historias que leer y para aplacar el ansia que me invadía cogí uno a uno todos los ejemplares que mi padre tenía en el mueble-biblioteca de nuestra casa de Stephen King, Michael Crichton, Alberto Vázquez-Figueroa, Robin Cook, Arturo Pérez-Reverte… Cuando se acabaron tuve que ampliar recursos y hacerme socio de una maravillosa biblioteca de la que estuve sacando libros a razón de 3 al mes (en algunas épocas hasta 6), chorreando fantasía a manos de Tolkien, Margaret Weis, Louise Cooper, Robert Jordan y llegando a la novela histórica gracias a Collen McCullough y su revisión de la Roma preimperial. Cada uno de ellos gratis, por supuesto. La serie “La Torre Oscura” hizo que comprase los tomos 5, 6 y 7 en cuanto los tuve a tiro, leyendo los 4 primeros gratis (nótese que las bibliotecas son perfectamente legales). Si no hubiese sido por esos 4 tomos Stephen King y sus editores no habrían recibido ni un euro de mi bolsillo. “El Señor de los Anillos”, el “Silmarillion” y “El Hobbit” se sumaron a mi colección personal (modesta y creciente por aquel entonces) aprovechando una asequible edición de tapa dura, siendo la historia la misma que en el caso de “La Torre Oscura. Sin su lectura previa gratuita no los habría conocido ni comprado. Con la serie Dragonlance, con El Primer Hombre de Roma, con Parque Jurásico (si fuísteis niños en los 90 me entenderéis, era imposible que no te gustase), con las novelas de Christian Jacq sobre egipto, con tantos y tantos libros… Y ninguno llamó mi atención por una campaña publicitaria en televisión, ni por haberlo visto a la entrada de un Carrefour o Corte Inglés (ojalá existiese antes un sitio como La Casa del Libro, Amazon o Ebay).

Con el tiempo llegaron los ordenadores (pregúntenle al creador del juego más pirateado de la historia, Los Sims, o a los señores de Rockstar con el copiadísimo GTA 2 si después de sacar la decimonovena entrega de sus sagas, ambas publicitadas a través del boca a boca y la copia privada, si tienen apuros para llegar a fin de mes) y el P2P, los buscadores y los programas de gestión de descargas facilitaron compartir los juegos, las películas, la música, las aplicaciones… Todo. Cualquier cosa digitalizable está al alcance del que la busque en Internet. Antes podías pasarle tu juego a unos cuantos amigos, que se bajarían un crack de algún servidor para no usar el CD y después de unas buenas tardes de vicio alguno se lo acabaría comprando, hasta es posible que tú mismo le regalases el original, con sus instrucciones, su caja y su olor a nuevo característico. Hoy en día vas a cualquier página que enlace Megaupload o Rapidshare (que por mucho que eliminen día tras día enlaces a contenidos protegidos, no pueden negar que viven de los mismos), abres tu aplicación de .torrent, conectas el Emule o el Ares… Tienes lo que te apetece leer, ver o escuchar. Sin Spotify (un modelo de negocio reconocido como válido, legal y rentable), sin Emule, sin Megaupload y sin las páginas que apuntan a todos esos enlaces no conocería casi ninguna de las series que sigo y no las habría vuelto a ver en la televisión pública dándole audiencia a las cadenas que las emitían, así como tampoco habría ido a ver unas cuantas películas . Los juegos de ordenador que tengo no estarían ahí si antes no los hubiese jugado y jugado hasta disponer del dinero necesario para comprarlos (bendito Diablo 2 y su expansión, que compramos en masa toda mi pandilla de amigos hace un año por el placer de jugarlo en sus servidores oficiales después de pasarnos 4 años jugando a una versión). Y el motivo principal de la entrada, como habréis notado, los libros. Internet ha sustituido a la biblioteca de mi adolescencia dándome la oportunidad de leer y descargar en .doc y .pdf muchísimos libros que posteriormente pasaron a formar parte de mi colección en papel (desde luego, nada como tener un buen libro entre las manos) y no siento que esté robando nada a ningún escritor por descargarme una copia de su libro que alguien ha subido a un servidor. Seguramente nunca llegaría a conocer a dicho escritor sin descargarme esa copia ni compraría su obra al no conocerla (ese lujo sólo me lo permito en las tiendas de segunda mano, donde un libro vale entre 50 céntimos y 4€), por lo que considero la descarga en sí una publicidad positiva con un gran potencial que no se está explotando.

Como apuntan muchos comentarios de la entrada cuya lectura recomiendo al principio del post, el problema en sí es un modelo de negocio superado por las nuevas tecnologías que pretende sobrevivir creando normativas que lo apoyen en vez de explorar las posibilidades de publicidad global que ofrece Internet que otros ya están aprovechando. Otro tema es la ley recientemente aprobada que vulnera gravemente la libertad que la red ofrece y que desde luego no comprende lo que pretende legislar (como bien apuntan muchos, se podría impedir el acceso a Google en España aplicándola y seguro que no es eso lo que busca el gobierno), pero no es de lo que hoy quiero hablar.

Así que resumiendo, creo que lo necesario sería dejarse de invertir tantos esfuerzos y dinero en intentar parar algo que no es tan nocivo como se quiere hacer ver, analizar las causas del fenómeno, asimilarlo y usarlo en beneficio propio construyendo una nueva industria cultural, más global y dinámica, que enfoque toda esa publicidad potencial que se empeñan en demonizar. Es difícil y llevará tiempo pero a largo plazo será la única opción realista.

Después de esta parrafada, ¿qué opináis vosotros del asunto? Pensadlo bien y vamos a darle un poco de debate al asunto.

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Recién sacado de la recopilación semanal de blogs de Vidaextra nos llega el análisis definitivo del mítico Aero Fighters, juego de Super Nintendo en el que debíamos aniquilar a legiones enteras de alienígenas para salvar al mundo de la devastación, pudiendo escoger entre los pilotos americanos, los japoneses (que lanzaban shurikens de energía, be cool!), los ingleses (sosones y aburríos) y los nórdicos (un entrañable y rudo vikingo y un entrañable y metálico robot). Al principio el vídeo parece un relato in-game como cualquier otro, pero no os confiéis, según avanza (y ya por el minuto 6) la cosa se empieza a poner interesante, alcanzado la cumbre de la lengua española allá por el minuto 7. Si llegáis al final y no os habéis reído es que estáis muertos. Pero tranquilos, en Rec 2 seguro que tienen trabajo para vosotros 😉

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Es lo que me ha salido del alma al ver ésta editorial de El País, la cual os recomiendo que leais con calma y paciencia.

Todo viene a cuento del chico alemán que mató a 15 personas este miércoles, sumado al parado de Alabama (estaba en paro, no era tonto, sólo hijo de puta) que montó una verdadera carnicería asesinando a 10 personas y cuatro perros antes de suicidarse el martes. La editorial afirma que éstos no pueden ser casos aislados de locura y se remite a matanzas similares de otros años en Alemania y Finlandia para trazar una relación entre todos los casos y acusar a las autoridades europeas de no transmitir los valores necesarios ni adoptar medidas contra las armas de fuego que ayuden a paliar estas desgracias.

Y claro, eso no vende. Porque hasta el momento era un artículo lógico, con alguna opinión discutible (el trazar todos los hechos como una epidemia educativa que produce asesinos…). Así que, ¿cómo podemos aumentar la tirada del periódico dándole a La Noria y a Ana Rosa un poco de vidilla en los debates? ¡¡Coño!! ¡¡Juegos de rol y videojuegos!! Paco, has vuelto a triunfar. Seguro que hasta nos sacan en las noticias de Telecinco.

Pero vamos a ver, alma de cántaro. ¿Tú eres tonto? ¿Alguna vez has tocado (habiéndote lavado las manos en agua bendita antes, por si acaso…) un videojuego? Si por esa regla de 3 de que los videojuegos incitan a la gente a la matanza por separar la muerte del dolor que provoca nunca toques un GTA, en el que te premian por matar casi todo lo que se mueve. Zeus, al leer este artículo debe estar cagado en un rincón del Olimpo ante la inminente salida del God of War 3 en el que Kratos incitará a las masas a pasarse por la piedra al panteón griego. A Iker Casillas lo correrán a ostias la gente por la calle por pararles ese penalty decisivo en ese torneo de FIFA (¿quién va a distinguir al de verdad del monigote del FIFA? ¡Son tan reales!). Todos los fontaneros italianos deberían ser detenidos ipso-facto en prevención de un futuro consumo de estupefacientes (setas, amigos, setas) y genocidio indiscriminado de tortugas. ¡Maldita sea! Yo mismo tengo ganas de salir a la calle con una katana vestido de negro y empezar a tirar dados de 20 para saber a cuánta gente me cargo por ataque. ¡Dadme una lobotomía!

Ahora en serio. Parece mentira que un periódico de este nivel caiga en el sensacionalismo imbécil. A ver si aprendemos…

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Spore

Voy a romper un poco la tónica del blog para hablar del un juego de PC que ha conseguido volver a ponerme delante de la pantalla como un niño de 5 años (será este además el post oficial del domingo. El tema pedido por Rubén lo escribiré a lo largo de la semana. Mis disculpas).

Spore es al Tamagochi lo que el Empire State a un castillo de arena. Sin querer compararlos, coge la idea de desarrollar una criatura, cuidarla y ver como evoluciona. En el viejo juguete japonés teníamos tantas opciones como limpiarle la caquita al bicho y darle de comer (o una ostia/toque de atención). En Spore agarramos a un ser microscópico, recién salido del caldo primigenio de la vida y tenemos que empezar a luchar desde el principio por la supervivencia en una charca regida por la selección natural (véase el terrorífico monstruo de 5 bocas o la cosa con pinchos).

A base de matar y comer (en caso de ser carnívoro), correr y comer (en caso de ser hervíboro) o combinación de ambas (sí, en Spore puedes ser un legendario omnívoro) vas progresando y haciéndote más grande. Las especies enemigas especiales te dejarán ADN con sus habilidades (electricidad, veneno, pinchos, aletas, bocas avanzadas) para poder asimilarlas en el momento de la evolución. Se realiza tan sencillamente como pulsando el botón de llamada de apareamiento, apareciendo al instante una hermosa hembra de tu raza dispuesta para procrear.

Se accede así al menú de evolución, en el que podrás modificar a tu criatura con las nuevas características obtenidas, rediseñar su forma y color, quitar y poner nuevas partes…

Tras un buen rato de extinguir especies o hacer amigos, llegamos al momento de la evolución inteligente. Nuestro cerebro se ha desarrollado lo suficiente para formar una tribu que aspirará a partir de ahora a abarcar mayores territorios. ¡UGA! ¡CHACA! ¡UGA! En esta parte tendremos que dominar nuestro floreciente continente, bien imponíendonos por la fuerza a las tribus vecinas, bien aniquilando cualquier resistencia o incluso formando un “We are the world, we are the people” de alianzas y buen rollo.

Una vez pasada la fase de tribu y a base de robar o asimilar los conocimientos de las otras aldeas, pasaremos a formar nuestra primera ciudad. Si en el anterior modo se intuía un estilo de juego Age of Empires, en este estamos jugando sin duda a un Civilization (muy suave, eso sí, en todos sus campos). Construiremos el ayuntamiento, las casas, las fábricas, los centros de ocio… Y sin darnos cuenta estaremos atrapados en una de las partes más adictivas de Spore: el diseño. Con una mecánica sencilla de arrastra-pega-estira-encoge podremos crear cualquier animal/engendro/vehículo/edificio que se nos ocurra. Como en todo buen taller, pasada la chapa nos meteremos con la pintura. La paleta nos permite escoger entre plantillas prediseñadas de color y textura o el modo “pincel”, en el que configuramos el color y el patrón deseado y pintamos parte a parte el modelo creado anteriormente.

Aquí podéis ver unos ejemplos, con los edificios que diseñé junto con Anónimo en una hora divertidísima:

Un alcalde llamado Bowser

Un alcalde llamado Bowser

Y decían de la Casita de Chocolate...

Democracia, ¿digame?

¡Del barco de Chanquete no nos moveraaaaaaaaaaaaan!

¡Del barco de Chanquete no nos moveraaaaaaaaaaaaan!

Y como no, un amable ciudadano de esta raza (Suputa) de depredadores y guerreros.

Juapo, juapo non é, pero ten un pelaso...

Tras un par de horas (o días, como esos campeones que se hicieron todas las naves de Star Wars), iniciaremos la expansión a gran escala: arrasar, comprar o convertir ciudades son las opciones que se nos ofrecen dependiendo de nuestra naturaleza. Al conseguir la supremacía en nuestro planeta natal arrancará la última fase, la conquista universal, tan extensa y compleja que lo dejaré para otro día con mayor detalle de vídeos e imágenes.

Señalar por último que gracias a la página del propio juego podemos subir nuestras creaciones a la red y bajar las de los otros usuarios, para así construir un verdadero universo interactivo donde nuestras razas sean protagonistas de partidas en cualquier parte del mundo.

Como véis las posibilidades son prácticamente infinitas y las horas de diversión se aseguran con vídeos y finales diferentes para cada orientación del juego (religiosa, comercial o militar). Los guiños de humor son constantes (y sólo he visto la parte militar del juego), con danzas que recuerdan a los All Black en la etapa de tribu, un disidente convencido a base de collejas en la etapa de civilización (cuando el alcalde funda la primera ciudad, aparecen unos cuantos habitantes festejando con bocadillos de diálogo que contienen imágenes de explosiones nucleares salvo el de un despistado que defiende entusiasmado y feliz una florecilla. Una colleja colectiva después, el pensamiento uniforme se impone…) o el ¡YEEEEHAAAA! vaquero y los ritmicos silbidos militares de “El puente sobre el río Kwai” que suenan al lanzar los pepinos nucleares (nuuuucelar) que me dieron la victoria en la guerra.

Lo dicho, que os lo compréis (bajéis, cof, cof).

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