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Archive for the ‘Mentiras Reflejadas’ Category

La historia bélica nos llena de momentos extremos, de lo mejor y, sobre todo, lo peor de los seres humanos. Desde la antigüedad el hombre se ha matado por poder, riqueza, celos, diversión, gloria, religión, ideología… A nosotros, en esta era de cantidades exactas nos llegan las historias más impactantes, las batallas decisivas, los héroes famosos y la Segunda Guerra Mundial, omnipresente por repercusión y fascinación. A mi me gusta la historia, como concepto y como palabra. No busco grandes épicas, ni grandes nombres. Degusto las anécdotas y me alimento de pequeñas cosas (podéis hacer el chiste ;-)), cosas como ésta. En este cuadro de Fracis Tattegrain se nos muestra una de las partes más duras de cualquier asedio, una masa de gente deshauciada por los suyos al ser más bocas que alimentar sin habilidad para la guerra y repudiada por el ejército atacante, al que se le ha ordenado que no pase una sóla alma a través de sus líneas. El castillo domina la escena, un atardecer en el que la torre en llamas saluda a los civiles que acudieron a su señor buscando cobijo. Éste, ante el asedio francés tiene que expulsar a la mayoría para poder sobrevivir al invierno, dejándolos a su suerte en tierra de nadie, con la hierba como único alimento. Al fondo, los trebuchets franceses bombardean las murallas sin descanso, imponentes e inalcanzables para los arqueros ingleses. De todos ellos, sólo unos 100 sobrevivirán hasta la mitad del invierno y serán invitados a un festín por los franceses, que necesitaban un área limpia de civiles para iniciar su asalto a la fortaleza. Por desgracia, el atracón fue fatal para muchos, que murieron víctimas de úlceras pépticas y hemorragias gastrointestinales.

El cuadro es tremendamente pesimista, pero encierra un punto de vista necesario para entender la miseria de las víctimas de las guerras. Que nadie os lo maquille con “misiones de paz”, “actuaciones necesarias” o “ataques preventivos”. La guerra existe desde que existe el hombre y es tan horrible como sólo nosotros podemos serlo.

PD: Logradísimo el efecto de confundir la lluvia de flechas de la parte superior derecha con nubes.

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Hoy traigo una buena noticia: ¡Inauguramos sección regular en el blog! A la hora de dejar volar la imaginación hay pocas cosas que sean mejores que una buena imagen (ya sea fotografía, cuadro, dibujo) que nos sugiera historias intuidas de fondo. Al crear conceptos para futuros relatos, partidas de rol o simplemente al buscar ideas con las que desvariar un buen rato sin objetivos fijos encuentro muy gratificante el poder contemplar en silencio imágenes como esta.

La isla de los muertos es un cuadro sin título de Arnold Böcklin, bautizado así posteriormente por el tratante de arte Fritz Gurlitt. Böcklin llegó a pintar cinco versiones diferentes de la obra, en la que se puede ver a un barquero llevando a un personaje totalmente vestido de blanco (a modo de alma o espíritu de un difunto) a una isla desolada y tétrica, cuya única parte definida es la entrada que marcan dos pilares simétricos. Las sombras que se ven en la zona central, carente de luz alguna y la cara que se intuye en las formas de la izquierda del cuadro ayudan a tener esa sensación de desasosiego al mirarlo con detenimiento. Fijándonos más en detalle podemos ver además algo parecido a un ataúd en la parte frontal de la barca, blanco también y con varias coronas de flores a su alrededor. Sumadle a esto que la isla está inspirada en el cementerio inglés de Florencia, donde estaba enterrada la hija pequeña del pintor y entenderéis porqué este cuadro es uno de los que menciono arriba. Un disparador de imaginación.

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Fuente: Wikipedia. AQUÍ el enlace para poder ver la imagen en mayor resolución.

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