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Aquí nos movemos permanentemente: The Penguin and the Necksnap.

Plumaseca seguirá publicando sus aventuras en: Squeeze me, please.

Gracias a todos los que nos habéis seguido con regularidad, a los despistados por Google y a los que buscasteis la entrada de Apocalipsis Zombie. ¡Actualidad vuestros enlaces y feeds!

Cerrado por exceso de sinceridad

Nos vemos pronto en… (Anúnciese aquí el futuro blog).

Si no quedan más mentiras

Cien mentiras ya llevamos y negando la mayor,

la mentira que dio vida desquiciada a este blog.

¿Cómo vas a ser mentira, cómo puedes ser verdad?

Si la lógica no miente, deberías defraudar.

Con caderas tan sinceras no me puedo equivocar,

en tus labios me encadeno a perpetua intimidad.

Compañera de momentos, de pasados y ahoras,

¡Si te cuento cuánto tengo atrapado en las neuronas!

Tantos mitos y leyendas de tus días y tus noches,

cien sonrisas entregadas en sinceras confesiones.

Imagina la deriva a la que nuestro blog entrego

Si no quedan más mentiras que negarte que te quiero.

Cambiando de escenario, nos vamos al maravilloso, esplendoroso, magnífico y pagado por los contribuyentes salón de Rajoy, una copia de un salón decorado por Anita Botelladerrón, donde esperaba un tipo que, la verdad, desentonaba con las cortinas rosas. Era un tipo este uno muy… en una palabra, Ghañán de pura raza. Llevaba una camisa estampada… con manchas de aceite e “hilillos de plastilina”, un perfume llamado “Eau de Prestige”, con unos efluvios del fondo del mar que tiraban p´atrás. La verdad, sería muy interesante explicaros la cantidad y diferentes formas en que aquel hombre estaba sucio, pero esto es un fanfic, y no un informe de sanidad pública. Bajo la capa de roña, el hombre se movió hacia uno de los candelabros, para… “cogerlo” sin permiso. Pero ante tal olor, el metal del candelabro de reblandeció. Y como el tipejo era bastante ghañán, lo agarró con sus manazas sucias, y… candelabro a la mierda, vamos. Pasó un criado, y el tipejo, candelabro en mano, trató de esconderlo… pero como no pudo, el criado lo vio, desmayado desde el suelo por el tufo, así que no le dijo nada, y se dedicó a morirse un poco, contaminado. El Rajoy bajó las escaleras, mascarilla en boca, por lo que se le entendía menos de lo habitual.

— ¡Señor Martillo! —tratando de ser cordial… lo que era no pegarle una patada pa tirarlo fuera de su casa. — ¡Qué desgr…alegría verle!

—Aquí lle traigho lo que pidió— dijo, abriendo un saco roñoso que mejor no ponemos de dónde sacó. Sólo decir, que apestaba mucho más que él mismo. Del roñoso saco, sacó un cacho de metal que, si lo mirabas mucho, hasta parecía algo así como una espada… o un cucharón. Tenía bastante óxido encima, la verdad. Le dio un patadón mulero al saco, que fue a quedar justo en la cara del criado medio muerto, después de golpear al Gobernador en la cara.

—Oh, ah… Bien, supongo —balbuceó el gobernador, mareado y medio, con la cara verde y la lengua de color indefinido.

—La encontré en el vertedero, cuando buscaba cepillos de dientes pal maestro —(hizo una reverencia, como si el “maestro” fuese un carismático líder sectario) —Mi maestro (otra reverencia) Braun le envía esto, de lo mejorcito que hay por aquí.

Recogió del suelo, del cadáver del criado, el saco; y de allí, algo de color rojo, muy sucio, con cuatro pelitos negros en una punta. Cabría señalar ahora, para quien no lo recuerde, que la gran empresa Braun (reverencia) es esa que os hace los cepillos de dientes, mirad en vuestro baño. Pero no recordéis, al cepillaros, cómo empezó esa empresa.

El Gobernador Rajoy puso, si es posible, una cara más asquerosa de lo que tiene… digoo, una cara de asco mayor que la de después del saco.

—Deja esa co… ese “regalito” sobre la mesa.

—Traigha p´acá l´aspada ­—dijo el Guille Martillo, matando con su aliento a nuestra querida mosca. — ¡Le viá nseñá como matamo a lo gorrino en mi pueblo! No mucho ma ancha d´un lao que delotro, así ta bien, y —agarrando la “espada” con sus patazas —d´un golpe matas al gorrino.

Tiró la “espada” al techo, clavando más de la mitad en la escayola de los contribuyentes, y que pagarían también el arreglo. Ambos hombres se quedaron mirando. Rajoy tenía una sonrisa en la boca… así podría coger fondos para “arreglarlo”. Lizzie le había pedido un collar del perlas para su perrita “Fluflú” A ver si adivináis cuál de los dos tenía más cara de idiota, cuando la mitad del techo se les vino encima, por tirar de ella. El Guille pesa mucho, y no debería ir colgándose de las lámparas ajenas por ahí.

—Ajá, impresionante, muy impresionante. El Comodón quedará muy impresionado con esto” —Si se despierta, claro. —Transmitid mis felicitaciones a vuestro maestro.

—Claro, un chatarrero siempre agradece que se valore su trabajo. Él me ha enseñado todo lo que sé de ijiene — (la falta de ortografía es una muestra tipográfica de cómo hablaba el tipejo asqueroso este).

De repente, ¡¡plof!!, apareció una cegadora bruma rosa, que salía de una luz rosa. Un enorme foco rosa iluminó la escalera porque… bajaba Lizzie. El Gobernador Rajoy se giró para mirarla. Guille Martillo también, babeando un poquito… Le gustaba Lizzie, pero también su padre.

—Oh, Lizzie… Estás AB-SO-LU-TA-MENTE deslumbrante —dijo su papi.

En el mundo real, cualquiera de nosotras, mujeres criticonas y envidiosas que somos, habríamos dicho TODAS que la Lizzie esa iba pintada como una pu… puerta, y vestida como una pu… una pu… ¡una puerta! Y andaba de forma rara, por la cera. Eso se lo perdonamos, porque duele.

—Jo, el Superguille, qué fuerte, te lo juro, ahora te veo hasta en mis fashionsueños! Es una pasada.

—¿¡¿En sueños?!? —gritó Guille, ilusionado —¿Qué tipo de sueños?

—Lizzie, ¿crees que es correcto decir…? —intervino Rajoy. Este hombre siempre habla, y no dice nada. Es increíble.

—El día en que te golpeé con un palo, ¿recuerdas? Fue superasqueroso, osea, para morirse.

—Cómo olvidarlo, sita Rajoy.

—Jo, tío qué pelmazo. ¡Te he dicho que me llames Lizzie! O Lizzie Superguay, osea, ¿no?

A pesar de lo extraño que pueda parecer… Lizzie sentía una extraña atracción por el hombre que vivía bajo la gruesa capa de roña. Dicen que los polos opuestos son opuestos.

—Es que, mirusté, es mu pijo pa mí.

—Eso es, ¿lo ves? —se metió el Gobernador —El chico tiene sentido de la propiedad, hija MÍA. Ahora teneMOS que irnos.

Salieron al carruaje, que tenía un cierto parecido al carruaje de Cenicienta… elevado a la n-ésima potencia, claro. ¡No iba a ser la Cenicienta esa más que Lizzie! ¿Qué se ha creído? Parece increíble cómo en un lugar en que hacía ya ocho años había máquinas de reanimación, no habían inventado el motor de coche, ni las limusinas. Lizzie iba superenfadada, en parte por lo de Guille, y en parte porque había oído que la Bella Durmiente tenía carroza nueva, y la suya tenía ya una semana de antigüedad.

—Adiós, señor Martillo —se despidió.

—Adiós, Lizzie  —susurró Guille… Bueno, para él susurrar es para nosotros el tono de voz normal, así que todo dios le escuchó y se rió a su espalda. Le dio una arcada tras pronunciarlo… algo tan pijo en su boca, no podía tener otro resultado.

No se llama Clara, pero la llamaremos así.

Clara es de un país de esos que me gustan a mí, donde los derechos civiles están avanzadísimos delamuertequetecagas, un país de esos a los que se emigra para ganar pasta, porque se paga mejor y también se curra mejor. No recuerdo cómo surgió la conversación, pero empezamos a hablar de que todo el mundo tenía derecho a un día festivo, en lo que todos estábamos de acuerdo (había más gente, aunque Clara y yo fuimos las que llevamos el debate).

Clara dijo entonces que ese día debería ser el domingo, para que así todo el mundo tuviera tiempo de estar con su familia y amigos. Escogió el domingo por ser el más tradicional, pero podría haber dicho miércoles, con tal de que ese fuera el día oficial de descanso para todo el mundo.

Yo, sin embargo, la miré sorprendida y le contesté que eso era imposible, que no podía ser que todo el mundo dejara de trabajar en domingo. Ya sin entrar en cuestiones como los médicos o la policía, que evidentemente deberían realizar su labor en cualquier momento de la semana (y sí, yo creo que hay personal, y si no que les pregunten a los que están trabajando fuera), le formulé a Clara la siguiente pregunta:

_ ¿Y si tú estás disfrutando un día de domingo con tu familia y os apetece ir a comer a un restaurante y después ir al cine? Ahí ya no puede descansar todo el mundo en domingo: tienen que trabajar los cocineros que te sirvan la comida, los camareros y hasta las señoras de la limpieza porque el baño no se puede quedar hecho una porquería, ni siquiera el suelo del local puede ensuciarse demasiado, de lo contrario, no entrarías. Y si después quieres ir al cine, para eso tiene que haber un sitio que abra el cine (habitualmente un centro comercial), una persona para venderte las entradas, otra para venderte las palomitas y otra para acomodarte. Incluso otra que ponga la película.

Y lo dicho, eso por no hablar de médicos, por ejemplo. O de taxistas. O autónomos. O panaderías. O vendedores de periódico. O periodistas, locutores, actores. O museos. O cafeterías. O metros, tranvías, autobuses, trenes o aviones. O funcionarios de prisiones. Yo le puse a Clara el ejemplo del cine porque es el caso que yo tengo más presente, pero igual que conozco a enfermeras, quiosqueras y camareros.

A todo esto, fue una conversación que tuvo lugar hace muchos años, y, aunque no fui capaz de convencer a Clara, no supo contestarme nada.

A ninguna de las personas que mencioné antes se le paga más, o cobra más, por trabajar en domingo (bueno, alguno sí). Existen determinados colectivos que sí cobran más por realizar sus servicios en día festivo. ¿Por qué? Porque pueden, pero me pregunto ¿entre trabajar y ganar ese dinero que ganan el resto de los días, o no trabajar y no cobrar, qué escogerían, si pudieran?

¿Quiénes son, entonces, los que tienen derecho a días festivos “tradicionales”, como nacionales, autonómicos, regionales…? ¿Quiénes son los trabajadores que disfrutan de ese mal llamado (si bien merecido, como dije arriba) “derecho”?

Hoy es festivo en Madrid, y yo necesitaba que me atendieran en un servicio del Ministerio que ofrecen a nivel nacional. Mañana es puente en Madrid, y yo necesitaba que me atendieran en un servicio del Ministerio que ofrecen a nivel nacional. El lunes será demasiado tarde para que me contesten lo que necesito, puesto que lo que necesito es para el British Council y al British Council se la sudan los festivos autonómicos españoles. El Ministerio que ofrece este servicio sabe exactamente con quién está tratando y las necesidades que conlleva.

Lo dicho. De mayor, funcionaria.

PD. No estoy segura, pero me parece que Clara tiene un trabajo de lunes a viernes con todos los festivos de su región incluidos. La última vez que supe de ella, al menos, así era.

Ocho años después

Una chica que se parecía a Lizzie, pero de ocho años más (aunque aparentaba menos) se despertó, asustada por la pesadilla que acababa de tener: un enorme sarao. Sí, querido lector, era Lizzie, pero las manos de un cirujano la habían dejado así. Es lo que tiene ser rica. Lizzie se acordó de que sólo una cosa del mundo podía consolarla de tal pesadilla. Caminó hacia el cajón de sus barbies: la doctora, la veterinaria, la “original”, la divorciada de Ken, que había ganado el juicio y se había quedado con el yate, el apartamento de la playa, el mercedes, el new beetle, el todoterreno, el perro… y los niños, para Ken, que se los merece. Bueno, Lizzie fue hacia sus muñecas vestidas todas de rosa. Entre ellas, encontró al Ken “Príncipe encantado”, que curiosamente también vestía de rosa, y entre su ropa, colgada del cuello, escondía su pluma (la de Lizzie, se entiende). Lizzie arrebató la pluma al Ken, que se quedó apenado. ¿Qué iba a hacer sin Barbie y sin su pluma? Lizzie miró la pluma dorada, recordando aquellos bonitos zapatos y el precioso bolso que tan bien quedaban juntos. Ya tranquila por la pesadilla, se miró al espejo con la pluma al cuello. Se superhorrorizó al ver que… ¡¡¡tenía una pestaña fuera de sitio!!! Corriendo fue a por el rizador, a “arreglar el megadesastre que te mueres”. Pronto lo arregló, y comenzó a disfrutar ella solita de su pluma: la manoseó frente al espejo, se dio besitos, se la puso en el pelo como una corona, jugó con ella como con el “Super Skippy 2004” y, cuando llevaba 696 vueltas, llamaron a la puerta.

Toc toc toc.

— ¿Lizzie? ¿Estás bien? ¿Estás… conjuntada?

Era su padre.

—Un minimomento, porfi, osea, plis.

Lizzie cogió su albornoz rosa marca “Barbie”, con un lacito rosa en la cintura, supermono, y escondió la pluma en su escote made in ya sabéis dónde: Silicon Valley Kiróphan´s. sin perder más el tiempo, se puso las extensiones rosas, el perfume “Barbie princesa”, los lacitos en los tirabuzones, las zapatillas rosas de perrito… y casi se muere por intoxicación de rosa.

—Sí, osea, sí, ya estoy megasuperdelamuertequetecagas.

El Gobernador Rajoy entra, con su paso que levemente tiraba para la derecha, seguido de cientos de sirvientas a las que pagaba con dinero de las arcas de Puerto Levadura. Una de ellas abrió las contraventanas, y el sol atravesó los cristales rosas para reflejarse en las rosas paredes. Su ventana daba a un rosal cargado de rosas rosas. No, no nos repetimos, eran de color rosa.

—¿Aún sin maquillar a estas horas?

Lizzie, superavergonzada, empezó a cantar para disimular el superéxito en ventas “Maquillaje”, de Mecano. Para lo que no lo sepan, es esa de “Sombra aquí, sombra allá, maquíllate, maquíllate; un espejo de cristal, y mírate, y mírateeeeeeeeee”, esa tan cursi. El Gobernador Rajoy se acercó a la ventana, asqueado del rosa, y dijo:

—Hace un día precioso.

Abajo, en la lejanía, se podía ver un pueblucho de casas viejas y sucias, cochambroso, sin vías de comunicación, ni alcantarillado, ni aceras… algo así como España con los gobiernos de Aznar. Todo el dinero de las arcas se iba en vestiditos para Lizzie, peines de oro para el Gobernador, tinte para su pelo que ya iba algo canoso, etc. Mas allá, se veía el mar, negro de petr.. hilillos de plastilina, inofensivos, si te bañas allí no te ocurría nada… hasta que el pp perdiese las elecciones, claro, después apáñatelas.

—Tengo OTRO regalo para ti —añadió Rajoy. Una criada arrastra hasta la habitación una megacaja superpesada envuelta en un papel rosa de ositos, con un lazo … ¡azul!

“¡¡¡PAPAAAAAAAAAAA!!! ¡¡¡¡¡¡UN LAZO AZUUUL!!!!!!! ¿POR QUÉ ME CASTIGAAAAAAAS? ¿QUÉ HE HECHO PARA MERECERME ESTO?”

Lizzie, entre gritos histéricos y lágrimas empezó a patalear de rabia en el suelo.

— ¡Ábranlo rápido, ábranlo rápido, como le pase algo a mi pequeña os despido!

Una criada abrió el paquete, y Lizzie abrió los ojos tanto como le dejaba su última operación en los párpados. Era…

Era…

Allí estaba…

¡¡¡¡El megakit ultramoderno de maquillaje de las Bratz!!!

Lizzie dejó por completo de llorar.

—Oh… Es… supermegafashion, chachiguay… ¿A que mola?

Lizzie trató de cogerlo, pero cuando se le iba a caer en un pie, lo dejó caer sobre el de la criada.

Sin hacer caso al grito de la criada, que tuvo que pagar de su bolsillo las operaciones necesarias para arreglar aquel desaguisado, y que el resto de su vida calzó un 56, Lizzie mandó que llevasen el megakit ultramoderno de maquillaje de las Bratz detrás de un biombo. Pero con cuidado, por la moqueta rosa. Con una sonrisa muy gilipollas de precampaña electoral, el gobernador Rajoy formuló una de las pocas preguntas inteligentes que alguna vez habían pasado por su mente:

—¿A que sí?

Y un poco de babilla se escurrió por su cara.

—Jo, mola… ¿Y el otro, el más grande?

—Lo siento, cari, se me acabó la liquidez de la visa oro, y no tenía suelto, sólo los fondos de la nueva escuela que NO se construirá.

Las criadas comenzaron a maquillar y depilar a la pija Lizzie. Rajoy continuó hablando, aunque como siempre nadie le prestaba demasiada atención.

—En realidad, yo… he pensado (¿?) que querrías utilizarlo en la ceremonia de hoy.

—¿La, osea, ceremonia? ¡Osea, meganó!

—La ceremonia de ascenso de Capitán Pikolín.

—Jo, papi, qué fuerte, eres superpredecible de la muerte. ¿Qué pasará cuando ocurra algo que no esperes?

Rajoy, en un ramalazo de intelig… bueno, sí, de intelijencia, tuvo una visión de su futuro… pero pronto se le pasó, volviendo a su estupidez derechista de siempre. Y sonrió de forma bobalicona.

—Comodón Pikolín, es en lo que va a convertirse.

(Nota de las autoras: Si no lo era ya)

Se escuchó un peaso grito de detrás del biombo, Lizzie acababa de sufrir el primer dolor de su vida: el tirón de la cera.

—Todo un caballero, ¿no te parece? —continuó su padre. Él no sabía qué era eso de la depilación. Como el 99% de los hombres de nuestro país: el hombre como el oso, cuanto más peludo, más hermoso. ­—Y como sabes, se siente atraído por ti entre siesta y siesta.

Con el tercer tirón que le dieron, el grito movió la tierra y los sismógrafos de China se volvieron locos.

—Lizzie… ¿Va todo bien…? —claro, al no saber lo que era la depilación, no sabe cómo duele la cera la primera vez que te la haces… porque, machos del mundo, DUELE, y mucho.

Lizzie, entre sollozo y sollozo, logró balbucear:

—Es difícil de decir.

—Me han dicho que es la última moda en Londres —dijo Rajoy, que aún así no se enteraba de nada, pero tranquilizándola… hasta el próximo tirón, jejeje.

—Jo, ¡Qué supermegaguay!

Entonces, entró un criado con… noticias.

—Milay… Milord, tenéis una visita.

—Lizzie, ocúpate del chico. Estará a tu cargo.

Amargas lágrimas recorrieron las sonrosadas mejillas de princesa de labios de fresa. Enfrentándose a sus miedos, temiendo que la gente se enterase de que había estado al lado de alguien cuya ropa estaba pasada de moda, y que además era un niño sacado del mar… ¡DIOS SANTO, UN NIÑO Y SIN ESTILO! ¡Tendría que estar ciego por lo menos! Y dijo:

—AAAAAAAAAAAAJJJJJJJJJJJJ, pero papi, qué asco, y… y si… ¿Y si me pasa su mal gusto? ¡Qué será de mí! —Lizzie sonrió al ver el gesto de su padre —Pero por unos zapatos nuevos lo hago, ¿ok? Pero esos con brillantes en la punta, de 2000 € el zapato.

El gobernador Rajoy, viendo que podía cargar eso a las cuentas nacionales de Puerto Levadura como gastos por rescate marítimo, asintió. Además, estaba seguro de que volvería a ganar…

—Si eres buena, el bolso a juego.

Lizzie, contenta por su victoria, se acercó al criajo con cara de… de Jack Sparrow (osea, de superasco) Acercó la mano lentamente, para tocar al chico. Vio que un bicho (otro +) salía de su chaqueta, y la apartó. Durante diez minutos estuvo así, ella acercando la mano y diversos bicharracos saliendo de entre las ropas: un erizo de mar, un besugo, una sirena, el pez payaso llamado Nemo, “hilillos de plastilina”, como los llamó su padre más tarde, etc. Hasta que Lizzie, harta, con un montón de “basura del mar” a sus pies, cogió un palo (con su pañuelo de Armani, claro, el más barato. No iba a tocar “aquello” con el más caro, y un Kleenex tampoco lo iba a coger). Acercó el palo, temerosa, al rostro del chico. El chaval se movió, asustado, ella se asustó, el besugo se asustó también, Nemo saltó por la borda, etc. Lizzie se apartó cien metros, alargando el palo con todo lo que encontraba, y desde una “distancia prudencial”, desde la que la gente del trasatlántico no sabría que estaban juntos,  le dio unos cuantos golpes al chaval. El chico se despertó, asustado, agarrando el palo cuando oscilaba sobre su cara. Miró el palo, acojonaíto. Lizzie cogió unos prismáticos, los de la ópera, para ver al chaval, y puso cara de asco y emitió un gritito superridículo, vamos, lo menos fashion en gritos, por lo que se avergonzó. A gritos (Pero bajito, que gritar es ser de monte) de dijo:

—AAAJ, no me toques; vienes del mar, y allí, osea, como que cagan y mean los peces.

Nemo y el besugo, que todavía andaban por allí, se ofendieron. Ellos eran unos peces muy limpios, y utilizaban los Wc públicos de las anémonas.

—Yo soy Lizzie, la superguay del paraguay —se rió de forma estúpida y canturreó —y no cago porque me da asco, osea, no.

El chaval, que era un poquito más ligeramente normal que ella (de pueblo, vamos) se asustó ante tal aparición. Aquella máscara que hablaba (el maquillaje de Lizzie) era horrible. Aún más acojonao, balbuceó con acento vasco:

—Guille… Martillo.

—Me han mandado cuidar de ti, pero NI SE TE OCURRA TOCARME. Tú si te mueres avisa, pero sólo si te mueres mucho, ¿vale?

Guille, ante tal demostración de asco, se quedó asqueado y se desmayó.

Lizzie, a través de los prismáticos, vio algo brillar sobre el niño, a la luz del arcoiris. A su cerebr… a su… a lo que tuviera en la cabeza vino (y no sabemos cómo ha sido) la idea de que quizá en tiempos remotos a lo mejor había algún antepasado lejano y familiar remoto que fuese rico. Con esa idea, su asco disminuyó algo así como mu poco. Pero acercó el palo hacia el brillo. Como quizá alguien se lo cogía antes que ella, tuvo que acercarse. Y se lo quitó. No, querido lector, no tocó al chaval ni por codicia: recogió otro palo. Con mucho cuidado y delicadeza sacó… una pluma.

—Es un… afeminado ­—dijo, asustada. Había perdido toda su fascinación por ellos, al ver que iban tan sucios y pasados de moda. Fijándose con codicia en la pluma, vio que podía quedarle bien con el bolso y los zapatos nuevos que se estaba ganando con el sud… que se estaba ganando y punto. Piggs se acercó, asustando otra vez a Lizzie.

—Niña. El capitán parece que ha balbuceado que si ha dicho algo el niño. O eso, o ha sido una nueva nota de sus ronquidos.

Lizzie escondió la pluma, temerosa de que se la descubrieran… y robaran su tesssssssoro más superfashion de la muerte.

—Que se llama Guille Martillo. Es lo único que ha dicho. Qué aburrido es.

Piggs notó que la pequeña princesa de labios de fresa escondía algo.

Se movió hacia la derecha, para mirar.

Lizzie se movió hacia la derecha, como su padre hacía todo el tiempo.

Piggs se movió hacia la izquierda.

Ella también.

Piggs se movió más hacia la derecha.

Lizzie…

Bueno, id a por coca-cola y palomitas, que se tiran así más de diez minutos. Y nuestra pregunta es, ¿qué trabajo hace Piggs en el barco? Porque nosotras no le hemos visto hacer na productivo. Bueno, dejaron de hacer el idiota cuando el Capitán, en un sobrehumano esfuerzo de su garganta seca, aguantando el dolor y las agujetas de su lengua que lo martirizaban, se atrevió a hablar, a riesgo de perder la voz.

—Llevadle abajo, estoy muy ocupado.

Cerró los ojos, agotado, pero con fuerzas suficientes para… retomar su sonata en ronc mayor, en el cuarto movimiento ya. Lizzie se asomó a la borda, mientras los demás se iban a beber (Piggs) a dormir, o como Rajoy, a dar un discurso y dormir a su público. La niña vestida de rosa y sus ojos no podían creer lo que estaba ante ella: la Perla Arcoiris, bajo su arco homónimo se alejaba, mientras en su cubierta la gente disfrutaba alegremente de un sarao, con el tema “macho men” de fondo.

Nota: la idea es publicar dos veces por semana. No ha sido así porque estoy de exámenes, pero espero poder mantener el ritmo de dos veces a la semana en el futuro.

Maricas del Caribe

EL PRINCIPIO…

Vale, es un comienzo poco alentador, pero sigue leyendo, que la cosa mejora.

Bajo un cielo azulísimo con nubes blancas como el algodón, todo lleno de colores pastel y música ridícula… el decorado de un anuncio de compresas, vamos. Calentaba un sol grande y rojo… pero poquito, que el sol era una bombilla de pocos vatios. No recuerdo la marca que anunciaban. Bueno, estábamos en un entretenido lugar en el que había mucha agua (el mar), al fondo apareció un punto, que se aproxima poco a poco… era una mosca que se había perdido, y andaba buscando la dirección a Madrid, para ir a molestar a la boda del Príncipe. Mirando un poco más a la derecha, pudimos ver un gran barco de lujo… bueno, como estaba muy cerca, sólo vimos un cacho de popa. Encima, una niña de tirabuzones rubios con lacitos rosa, vestida de rosa, con una muñeca llamada Rosa, una princesa de labios de fresa, cantaba una canción (bastante mal, por cierto):

—Había una vez

un barquito chiquitito,

había una vez

un barquito chiquitito,

que no podía, que no podía,

que no podía navegar…

Detrás de ella, una sombra amenazante se acercó y la agarró del hombro. La niña se apartó, con cara de asco:

—Calla niña, party-barcos navegan por aquí, ¿no querrás que nos monten un sarao?

Detrás de ellos, un hombre joven que aspiraba a grandes cosas durmiendo la siesta en su tumbona. No, no nos hemos olvidado de escribir la coma, aspiraba a grandes cosas EN su tumbona: dormir, tomar el sol, dormir, contar motas de polvo, dormir… (lo cual ya era mucho para él (¿no odiáis las historias en que no hacen más que poner paréntesis para hacer los chistes?:) ) ) se escandalizó al oír aquello (pero poquito, que eso gasta las neuronas)

—Señor Piggs, suficiente. ­—le recriminó, antes de tomar un sorbo de su cóctel de plátano con sombrillitas de colores, con una pajita enorme que le quedaba justo sobre la cara. No se nos podía herniar el chico, que todavía falta mucha peli.

—Estaba cantando una canción de mariquitas. Es de mal fario cantar una canción de mariquitas bajo este arcoiris tan colorido, tened en cuenta mis palabras. —dijo horrorizado, pensando en los horribles saraos de los que “había oído hablar”. Piggs estaba verdaderamente convencido de su heterosexualidad… (ya. Seguro)

—Depende del curro que me lleve. Haz algo, que me tapas el sol, vago.

—Sí, señor. —Piggs se marchó murmurando —También es de mal fario llevar una pija a bordo, aunque sea sin pecas.

La pequeña Lizzie se acercó al hombre, el Capitán Pikolín, en menos de cinco segundos, o si no se le dormiría antes de poder hablarle.

—Creo que sería muy emocionante conocer a un afeminado.

—Bah, piénsalo mejor. —el capitán paró unos… treinta minutos, para coger aliento —La mayoría gasta su oro en potingues extraños, como esos… —otra vez paró treinta minutos ­—desodorantes, huelen rraro rrarro rrarrro y —paró, totalmente agotado y medio asfixiado por el esfuerzo, para una hora después terminar, aunque Lizzie se hubiera dormido en la barandilla —pestañean mucho. —Lizzie despertó —Todo hombre con pluma o navega en un barco emplumado o tiene lo que se merece: un armario grande y una puerta cerrada. —un marinero se acercó, con una bombona de oxígeno y los rollos esos que se usan para reanimar a los que tiene un ataque al corazón, que no nos acordamos de su nombre… ah, sí, pinzas de batería de coche.

Lizzie se asustó, y miró a Piggs, que se había acercado para ver si su “amado” capitán ya se había achicharrado o no. Sin embargo, al escuchar aquello, imitó el sonido de un armario poco engrasado al cerrarse. El Gobernador Rajoy, orgulloso padre de Lizzie, se acercó.

—Capitán Pikolín, le agradezco su vagancia en este tema, me preocupa la influencia que pueda tener sobre mi hija.

—Mu bien, pero apártese, que me quita el sol.­ —protestó medio dormido el capitán.

—A mí me parece un tema, osea… como superfascinante, ¿no? —dijo Lizzie, superemocionada.

—Eso es justo lo que me preocupa. ­—sentenció el Gobernador Rajoy, marchándose.

Lizzie, frustrada… aunque esa palabra no entra en su pequeño vocabulario, ella diría: “Joooooooooooooooo, qué superpena, ¿no?”, se asomó por la barandilla. Pikolín acabó de dormirse, comenzando su mayor actividad diaria: roncar.  La pequeña pija vestida de rosa observó algo extraño en el agua, poniendo cara de asco.

—¡Hay algo en el agua! Aj, es un niño. ¡Jolines, qué mal vestido va! ¿No sabe que este año no se lleva el marrón tierra?

El capitán, molesto por haber sido interrumpido cuando interpretaba su “serenata para nariz congestionada”, en ronc mayor, en su segundo movimiento, trató de mover un poco el cuello para protestar, pero al segundo milímetro se cansó. Sin embargo, llegó a vislumbrar entre sus legañas de hace ocho años lo que había (o eso dijo después) .Haciendo un esfuerzo sobrehumano y sin precedentes en la historia, dio una última orden en su tono de me acabo de levantar (el de siempre):

— ¡Hombre derivando! Que alguien haga algo.

Sorbió su zumo para suavizar su agotada garganta (había triplicado su récord de número de palabras por día, y ya estaba medio afónico) Los marineros subieron al niño al barco, mientras Pikolín recomenzaba el segundo movimiento donde lo había dejao, en un rocnrcronc sostenido. Piggs observa a su capitán, cansado. Mira el reloj, impaciente… mira al capitán, al niño, a un bicho que pasaba por ahí… Esperó a que el capitán dijese su frase… volvió a mirar el reloj, mientras una araña tejía su tela entre sus piernas… (Cuánto bicho hay ahí para ser el medio del mar, ¿que no?) Y cuando la araña comenzaba la tercera reforma de su tela, ya convertida en un gran chalé arañil con piscina y garaje subterráneo para dos coches, Piggs habló:

—Bueno, ya está bien, lo digo yo y punto:  aún respira. —y pensó ­—Dentro de poco hasta vamos a tener que roncar por él…Y pensar que quieren ascenderlo…

Piggs se asomó a la barandilla, y vio algo que le horrorizó.

—A ver quién limpia todo eso.

La tripulación deja al niño mangao en el suelo, medio ahogado, pa mirar aquello; un barco después de un sarao. Copas con sombrillas de colorines por todas partes, confetti, serpentinas, camisas hawaianas… todo medio hundido, ardiendo. Un horror para la vista. Pikolín, tras terminar su gran concierto, decidió hacer otro esfuerzo que pondría a prueba su resistencia, y por el que realmente se merecía una medalla: poco a poco, se levantó, con gran esfuerzo. Se sentó en la hamaca. Pero no sólo eso, querido lector, sino que hizo algo realmente asombroso e increíble… Se levantó. E hizo algo que nunca habría hecho en condiciones normales…

¡¡¡¡¡Dio un paso!!!!

—¿Qué habrá ocurrido? —preguntó compungido el Gobernador Rajoy, con cara de “no sé nada” (siguuro).

Y, llegando al límite de lo jamás intentado, traspasando la frontera de lo que siempre creyó totalmente irrealizable (para un jefe, claro, los currantes eran un mundo aparte) y ante la sorpresa general… Habló. (Recordemos que no sólo estaba despierto, sino que, por primera vez en los últimos años, se había levantado ÉL SOLO [a nosotras nos parece increíble]).

—Habrá explotado la Santa Bárbara.

Y todos se dieron la vuelta, para mirarlo asombrados y expresar lo que sentían ante aquello al mismo tiempo:

—Oooooooohhhh…

— ¡Que alguien me traiga más zumo! Y que alguien me tumbe, estoy agotado. Era un barco realmente aburrido.

—Pues no les ha servido de mucho. —contestó Piggs.

Pikolín lo miró y pestañeó, mientras lo acercaban en brazos a su querida hamaca, con la que mantenía una relación muy… afectuosa. Ese pestañeo fue mucho para él, y se desmayó antes de que Piggs pudiese disculparse.

—Es lo que todos piensan, yo me limito a decirlo. Maricas —Piggs se alejó, para tocar madera. Más bien aporrear, el chaval era un poco basto.

—No hay ninguna prueba de eso —cortó del gobernador Rajoy, cuyas fuentes de información eran muy fiables y confidenciales. —Encontrarían una cinta del Fary.

Mientras tanto, habían reanimado al Capitán, alimentándole por vía intravenosa (Cacho adelantos había en la época, ¿no?) El hombre, totalmente extenuado y medio comatoso, dijo con un tono de sonámbulo perdío:

—Despertad al que mande, es hora de MI siesta.

Una persona totalmente anónima, (bueno, técnicamente sí que tenía nombre: figurante número 3) que no volverá a aparecer en la historia porque actúa fatal y cobra mucho dijo:

—Sí, sí.

¿Y para decir “eso” le pagan? ¡Lo habríamos hecho nosotras gratis! Y colarnos de paso en el camerino de Orl… esto, nos estamos desviando del tema, jejeje. Nosotras somos unas profesionales, que nos dedicaríamos a nuestro trabajo, el de mover la lengua con Orl… sigamos con la historia.

A lo que íbamos, Pikolín contestó. Aunque parezca tonto, tiene un máster en dormilonería y probación de camas.

—Traedme un colchón “Lo mónaco” y una almohada de plumas flex…— (ibles, pero no terminó de decirlo. De todos es sabido que todas las palabras que contienen “Flex” provocan un profundo y placentero sueño.) Por cierto, prohibido insertar publicidad en nuestra obra.

El Pikolín cayó al suelo como un ladrillo (claro, los colchones de la competencia son como ladrillos al lado de los Flex). Lizzie vio que sus temores más profundos se iban a hacer realidad… Su padre, con su barba blanca y gesto de “época de campaña electoral” se acercaba con paso lento, típico de los gobiernos de derechas. Cuando a la tierna edad de ocho años, tus temores más profundos se presentan ante ti de forma tan dura, tu subconsciente se resiente… pero como el subconsciente de Lizzie no iba más allá de lo que le decían las revistas de moda que debía pensar, no temeremos por ella demasiado. Rajoy dijo las terribles palabras que, pese a todo, la marcarían para toda su vida:

Aviso legal: el texto del siguiente post es una parodia de la película “Piratas del Caribe. La maldición de la Perla Negra”. Todos los derechos pertenecen a Disney. Si bien se menciona a muchas personas reales, todo el contenido es absolutamente ficticio y creado exclusivamente para entretener. No se ha pretendido en ningún momento conseguir ningún otro fin que éste. Ninguna de las autoras conoce personalmente ni ha tenido contacto alguno con los propietarios de los derechos o productores.

Esta parodia fue publicada por primera vez el 28 de mayo del año 2004 en www.fanfiction.net por birdgirls18. Empezó siendo una colaboración y acabó siendo un trabajo escrito por una sola autora con aportaciones esporádicas,por lo que el seudónimo fue sustituido por Asaltacunas. Ahora será publicado periódicamente en Cien Mentiras por plumaseca, no sin mencionar la colaboración de Lady_Socióloga.

El título y el enfoque de la parodia han sido ya criticados. Como se explica más arriba, no se pretende ofender a ningún colectivo, ni minoritario, ni mayoritario, ni étnico, ni religioso, ni cualquier otra cosa, ni a cualquier persona mencionada. Es una parodia creada sólo por diversión y como tal debe ser entendida. Cualquier punto de vista expresado en ella no tiene por qué coincidir con el punto de vista real de las autoras y cualquier comentario ofensivo será eliminado. Sin embargo, el texto puede no ser adecuado para menores de 13 años por su contenido.

Y después de los pesados avisos legales pertinentes, les presento, damas y caballeros, la parodia.

Futuro extraterreste

Qué gran recurso es Youtube y cuántas cosas útiles tiene (aparte de los vídeos de leñazos monumentales, perros que cantan y gente ebria haciendo el cafre) para nuestra cultura y recreo neuronal. Hoy quiero dejaros un par de documentales subidos íntegramente: Futuro Salvaje y El Universo de Stephen Hawking.

En el primero podemos disfrutar de una recreación de los supuestos ecosistemas sobre la Tierra dentro de 5, 100 y 200 millones de años. No sólo nos acerca un poco más a entender la evolución, sino que además nos deleita con unas imágenes en 3D que me traen recuerdos de mi tierna infancia rodeada de dinosaurios y demás fauna extinta.

El segundo es una “entrevista” (y lo pongo entre comillas porque se acerca más a un documental comentado) sobre la posibilidad de la vida extraterrestre con Stephen Hawking, muy ligera y amena pero sólo recomendable a interesados en la materia (aquí no esperéis derroches visuales, aunque alguno hay, sólo la mente de Hawking repartiendo sabiduría con la destreza de Chuck Norris repartiendo patadas).

PD: Por supuesto, el resto del documental en los enlaces de cada vídeo ;)

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